La madrugada se enoja. Latigazos azules tartamudean en el cielo. Un escándalo de truenos atemoriza la soledad. La lluvia golpea la zozobra de los indigentes. Las calles son ríos. Almanzor se sobresalta. Tanta agua subtropical le produce vértigo. Un anciano san Antonio los cobija en Barrio Sur. Mojan el corazón en una copa de bienbec. Él le acaricia la húmeda cabellera. Scheherezade le toma las manos. Las miradas se abrazan.
"La estrategia de la vida para enamorarme son tus besos"
, le dice Shahriyar. Un ósculo danza ahora en el despertar de las mil y setenta y nueve noches.
Los zorzales alborotan la mañana. El camello alimenta sus gibas. Una viejita se acerca. Les convida mate y bollo. "Han tenido suerte. Suelen andar unos changos drogados motoarrebatando... la lluvia los debe haber acobardado. Cerca de la nochecita, esto se convierte en tierra de nadie, si no, pregúntele a los vecinos de la Bolívar y Buenos Aires... Hace unos meses, violaron a un chico de 10 años en la plaza Rivadavia, frente al Hospital de Niños, donde hay cámaras de seguridad, pero nunca se supo nada... Los fines de semana casi no se ven policías ni patrulleros", dice. "Gracias, buena mujer, por tu hospitalidad. ¿Y qué respuestas les da el gobierno?", indaga la doncella. Un anciano se arrima: "No sé por qué la policía no está siempre en contacto con el vecino para prevenir el delito o el Estado no trabaja socialmente en las zonas marginales de donde provienen los asaltantes..."
La pareja deja a Almanzor al cuidado de la anciana. Como quien estira las piernas se dirigen al palacio. Un barahúnda de cacerolas al viento los sorprende en la Ayacucho al 200. "¡Mis hijos van a estar expuestos a radiaciones electromagnéticas. No permitamos que la obra continúe!", grita una señora. "Si no hacemos esta obra va a haber cortes de luz", retruca un adlátere de Al Rachid. "¡Que alguien nos asegure con pruebas que esta estación transformadora no nos dañará la salud. Ninguno de los que firmó el apto ambiental dio la cara. Uno de ellos es pariente de un funcionario y es... psicólogo!", acota un abogado. "¿Les hará terapia a los cortocircuitos o a los apagones de luz?", dice una maestra. "¿Por qué se comenzó a construir la planta sin autorización, a espaldas de la comunidad y los concejales aprobaron todo a libro cerrado? ¿Por qué no se hicieron las cosas por derecha? ¿Qué es lo que se quiere esconder?", vocifera un viejo médico. "¿Y el defensor del Pueblo está de vuestra parte?", inquiere Shahriyar. "Él es un hombre del jeque, defiende primero sus intereses, qué se puede esperar... Si se preocupara por nosotros se hubiese puesto a la cabeza para que nos pagaran el 82% móvil y evitaran que vivamos rodeados de privaciones, cobrando $1.915 mensuales, es decir U$S400. ¿Conoce gobernantes que vivan con ese dinero?", acota una abuela. "¿Y Al Rachid se puso de parte de los vecinos?", pregunta la doncella. "El seguidor que lo reemplaza en el palacio dijo que el patroncito está trabajando en el exterior para los tucumanos. Se fue a trabajar de turista a Dubai. Capaz que visitó a su par, el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, cuya fortuna se estima en más de U$S 12.000 millones", dice una escritora. "¿Habrá pedido asesoramiento en materia patrimonial, una receta para atornillarse en el poder o habrá conseguido fondos para pagarles a los jubilados lo que les debe?", añade una ingeniera.
Scheherezade dice: "¿Será cierto que cuando alguien se empobrece es porque otro se enriquece?" Shahriyar bebe un sorbo de bienbec y acota: "Curioso este pueblo que tiene una clase dirigente próspera. Se ve que la política es redituable, nadie se queda pobre, ¿que no?"